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pedagogía

pedagogía (1)

Pensar una pedagogía en la que tengamos en cuenta los errores que cometimos, la escuela que fomentamos y las ideas que reivindicamos puede ser tan difícil como después poder aplicarla. Nos acostumbraron a ser un recipiente de ideas, una simple reproducción de palabras ajenas. Y ponerse una frente a la hoja, lapicera en mano, con tanta responsabilidad a cuestas resulta también complicado. 

Si tuviese que pensar qué podríamos empezar por cambiar diría que en principio la escuela. Hemos atravesado años y años de una escuela sarmientista, que lejos de formarnos como seres pensantes se encargo de homogeneizarnos y expulsar a toda/o aquella/el que no se pudiese adaptar a sus normas y disciplina. Deberíamos empezar  a hablar no sólo  de educación popular sino también de escuela popular. Tendríamos que aprender a pensar en la escuela, la escuela debería aprender a pensarnos también. Aprender a relacionar los acontecimientos sin imaginarlos de un modo lineal, vinculando un hecho con el otro. Porque de este modo lineal aprendimos que la historia parece ser un cuentito de hadas, con un principio, un nudo y un desenlace (que no es posible problematizar) del que solo nos queda que “luchando no se consigue nada”, porque “¿para qué?”, si la historia después la escriben los/as que ganan. Ya es hora de aplicar los conceptos que vienen desde el tiempo de Descartes: aprender de memoria no sirve. También deberían de decirnos en la escuela que el dulce escritor de “Juvenilia”, Miguel Cané, fue también en 1902 el redactor de la ley de residencia, ley que se encargó de extraditar inmigrantes e imposibilitar la organización sindical que se venia gestando por aquellos tiempos. Enterarnos en la escuela quién fue Simón Rodríguez en lugar de aprender la vida y obra de Sarmiento, ó bien aprender sobre ambos y comparar las concepciones tan distintas que tenían sobre la educación popular siendo contemporáneos.

lunes 24 de julio del 2017.